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Soy Sonia, Historiadora del Arte y Gestora Cultural de formación, Profesora por instinto, Creativa por naturaleza y Diseñadora de vocación (especializada en vestuario histórico y escénico).

Con Desmadejada pretendo volcar contenido de calidad para tejedoras (ese contenido que a mí me gustaría encontrar, organizado y contado por una tejedora)

Comencé a tejer con 4-5 años, al menos eso me cuenta mi madre, porque yo no recuerdo exactamente cuándo utilicé por primera vez unas agujas, en cambio, el hecho de tejer siempre ha sido una constante en mi vida.

 

La “Sita”

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Entrevista en revista Retahíla nº1 (aquí)

Así me llama una de mis alumnas en clase (abreviatura de “Señorita” o profesora). Me hizo gracia y lo adopté porque me siento identificada. Porque nace desde el cariño. Y, porque, admitámoslo, si enseñas a los demás a tejer y diseñar, inevitablemente eres profe.

Empezó como algo natural, ya de pequeña daba clases particulares en el cole y el instituto.

¿Sabes esas cosas que se te dan bien, que te salen solas, que te resultan fáciles de hacer? Pues a mí, se me da bien enseñar. Porque tengo la capacidad innata de hacer simple lo que parece difícil. De saber explicar las cosas de forma básica y hacerlas sencillas. De ponerme en la piel del otro e imaginar cómo me gustaría que me lo explicaran a mí.

Por eso yo enseño al 100%, no me dejo nada.

Porque para mí enseñar es acompañar en el proceso de aprendizaje, es escuchar en todo momento para saber a dónde se quiere llegar, cuánto se está dispuesta a aprender. Y sobre todo, es orientar en todo para concluir con éxito tu proyecto.

Por eso yo enseño al 100%, no me dejo nada.

Porque llevo toda la vida haciéndolo (y “la experiencia es un grado”, ¿no?)

Porque me gusta estar en constante aprendizaje y al día de las últimas técnicas y tendencias tejeriles, y aplicarlas en mis clases.

Porque, cuando enseño algo no me guardo nada, no me limito a dar instrucciones sino que me gusta enseñar a que mis alumnas puedan ser tejedoras autónomas y seguir tejiendo sin mí.

También entiendo el proceso constructivo de una prenda (porque diseño patrones), y eso también lo aplico en mis clases.

Por eso yo enseño al 100%, no me dejo nada.

 

La Niña Diseña

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“Mira, ¡la niña diseña!”

Era una de esas cosas que decía mi abuela entre risas cuando me pilló un verano dibujando en la mesa de la cocina  mi colección de trajes para mi muñeca Chabel. (Lo mío no era la Barbie)

Es algo que hacía todos los veranos cuando íbamos al pueblo, buscaba los restos y retales que tenía mi abuela de haber hecho los vestidos que cosía “para la calle” y con ellos imaginaba posibles vestidos, faldas, pantalones, fulares, bañadores… Y, al mediodía y a hurtadillas, me escondía en la mesa de la cocina a diseñar.

Mis juguetes favoritos eran la “Rueda de la moda” y la “Máquina de coser de Chabel” y todas las revistas de Chabel en las que diseñadores como Agatha Ruíz de la Prada me abrían un universo de posibilidades!

 

Entender el proceso constructivo de un diseño es muy importante para poder llevarlo a la práctica, entonces entendía algo a base de sacar los patrones que me pedía mi abuela (porque como decía ella: “tú tienes la vista más nueva que yo”) Seguía sus instrucciones y trazaba con la regla y el lápiz sobre el papel de seda. Después ella lo retocaba y ya está!

Ahora, después de haber ampliado mis conocimientos en patronaje, todo es más fácil.

Es curioso ver cómo mi bagaje personal me ha devuelto a este estado. Con más conocimiento,  más experiencia y más ganas.

Porque ahora sí, ¡la Niña diseña!

 

Más sobre mí

Y si todavía te estás preguntando cómo he llegado hasta aquí, pues te lo cuento en un periquete

 

Despidiendo lo tóxico

Yo vivía con un trabajo de esos que te ayudan a pagar facturas. Un trabajo de esos que destrozó (literalmente) mi salud, y me provocó una enfermedad crónica.

Y es que era un trabajo tóxico, porque estaba rodeado de gente tóxica. Ya sabéis, esas personas de vuestro curro más interesadas en trepar y en hacer teorías conspiracionistas que en currar.

Y ya se sabe que en el “Juego de Tronos: o juegas, o mueres”.

Así que, como yo no entraba en este juego de pisar al vecino y sólo iba a currar, acabé siendo la diana perfecta de este tipo de gente tóxica.

Incapaz de renunciar al trabajo por mí misma (por eso de “imposible rendirse”), la crisis y los recortes lo hicieron por mí. Y todas las que trabajábamos para esta gente tóxica acabamos en la calle. (¿Te suena?). Yo fui una de tantas personas en esa situación.

Después del pánico inicial que te produce estar desempleada, me centré en recuperarme. Y tras cinco años y medio, mi enfermedad se estabilizó (es crónica, así que me acompañará para siempre).

Mientras esto ocurría, empecé a cuestionarme si sería capaz de seguir tratando con personas tóxicas y cómo podría enfrentarme a ellas a partir de ahora.

Decidí dar un giro a mi futuro laboral, perdiéndome en diferentes posibilidades y en la gran pregunta del “¿qué hago ahora con mi vida?”.

Tomar esta decisión me estaba frustrando y generando ansiedad. Y me liberaba de ellas creando, tejiendo y diseñando.

Me dí cuenta de que todo esto era mi pequeña terapia personal y que, quizás, para otros también podría serlo.

Y ahí comenzó todo.

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Aprender a renunciar

Lo primero fue aprender a renunciar. Renunciar a la estabilidad económica, renunciar a consumir por consumir para calmar mi frustración, renunciar a ciertas “comodidades” y “necesidades” que te va creando la sociedad.

Y aprender a vivir con menos para ganar mucho más.

 

Saludando lo slow

Pero liberarte de lo tóxico requería  algo más por mi parte que una simple terapia, una filosofía nueva de vida.

Lo Slow

Hacer las cosas a mano, bien, despacio y con cariño. Todo ello me ayuda a conectar conmigo misma. Me reconforta y me ayuda a reconducir mi vida cuando no veo por dónde camino.

Porque cuando tejes algo en tu interior se transforma, te armonizas, y a medida que lo practicas, algo en ti se suelta, se libera, se desmadeja.

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La Reconexión

Aprender a darle más importancia al ahora, al momento que vivo y el espacio en el que estoy, a dejar de lado el móvil y sus innumerables llamadas de atención. A apartar la idea de inmortalizar el momento con una foto o un selfie. A vivir más el ahora.

Sobrevivir a la tiranía del reloj y la velocidad en la que vivimos. Hacer algo manual me ayuda a reconciliar con el ritmo natural de mi cuerpo. A ralentizar, a ir dejando a un lado el estrés al que estamos sometidos continuamente, y a sentir que el proceso creativo me hace reconectar.

Me parece increíble cómo el hacer algo con tus propias manos te conecta con el instante, revitaliza tu forma de verlo todo, y te libera de la frustración que provoca el ritmo frenético que vivimos día a día.

Cómo tejer me reconecta conmigo misma.

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Más información sobre los beneficios de tejer aquí

 Más información sobre la filosofía Slow en Desmadejada aquí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    2 Comentarios

  1. Olga
    14 marzo, 2016
    Responder

    Que si me suena??????? parece que esas palabras están escritas por mi mano, me siento tan identificada que estoy ahora mismo escribiendo con un nudo en la garganta y temblando. Me acabo de inscribir a tu newsletter y me apetece incluso conocerte y tejer contigo como amigas de toda la vida jajaja.
    Pensarás que estoy loca pero estoy ahora en esa situación de perdida en la vida en paro e intentando darle forma para poder ganarme la vida con esta afición desde niña.Sin acabar de saber por dónde o como empezar pero bueno…….
    Un gran saludo. Si consigo un proyecto laboral tendras noticias mias si no te importa.

    • 15 marzo, 2016
      Responder

      Ánimo Olga! Este no es un camino fácil, pero sí muy bonito. Espero tener noticias tuyas y de tus proyectos.

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